Tarde de dramas y gravedad

Me duele el alma y el cuerpo,
De no saber quién merecerá
Este amor no correspondido.

Duele el vientre,
De los hijos que no llegan,
Por no estar hechos de amor correspondido.

Duele el alma, y pesa como la misma gravedad
Que nos arroja al suelo, y nos deja en un estado horizontal sin lograr un esfuerzo alguno para levantarse 

Duelen las ausencias y las palabras del hombre del pasado, las que se podrían interesar por una desconocida mujer del futuro.

Duele la tarde, la penumbra del espacio propio,
Los juicios de valor por los pasillos del hogar
Sobre la inasistencia a un lugar donde Dios siempre está, olvidando su omnipresencia.

Duele respirar corto y con esfuerzo, con presión de un peso muerto en el pecho, con la decepción del porvenir que solo augura soledad y rutina.

Talvez sea mucho drama, para un simple periodo que llega cada mes, talvez sea una excusa para llorar sin razón o razones livianas que pesan como la gravedad.

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