Historias repetidas en contextos diferentes

 He venido aqui intentado escribir un poema, sobre desencuentros y veo que no es la primera vez que me sucede solo en un centro comercial, es algo inevitable que sucede en un bus, en una calle, una oficina, un hall del edificio, un bar...

Hace días que quería venir a escribir sobre tanto que me ha sucedido que no he podido registrar porque cada día a veces parece más abrumador que el anterior, porque no hay punto medio para las preocupaciones, porque en medio de las tentaciones que se me presentan a diario puedo decir hoy que soy un poco más fuerte, que la gracia de Dios está conmigo para no permitir que me inviten o me hablen de lugares donde ya no quiero estar. Ni permanecer con personas que no me interesa conocer ni profundizar en una amistad, es una contradicción mental cuando intento acercar a alguien a Dios pero en el fondo la desconfianza de que no se va a convertir o respetar, es tan grande que prefiero callar y mantener el límite. 

Recuerdo que hace unos días venía en el transporte público pensando en que había una frase poderosa que podría ser la inspiración de un poema y no la anoté, Talvez tenía que ver con el sentido de la vida, del propósito, debí haberla anotado como parte de mi próximo poema, pero quizá me acuerde y quizá no. Ahora bien, he tenido que lidiar con un tema que me ha causado una incomodidad similar a la que viví hace unos años con alguien a quien consideré mi amigo y lo fue, pero él ya no quería ser sólo mi amigo y yo no podía ofrecerle más. Sin embargo, ahora con la cabeza y el corazón más firmes en Jesús puedo decir que no necesito dudar más, que sé lo que quiero sin dudas, que no me va a temblar la voz ni mi comportamiento para ser coherente con lo que ahora me convence más que nunca. Es algo bonito ver que hace un año he logrado verme crecer, ver que he logrado tener más confianza y fe en Dios, que ya no siento la zozobra que alguna vez dominó mi vida y que al fin había reconocido que necesitaba un cambio de hábitos, de amistades sin propósito, de que había sido llamada para algo más que trabajr 8 horas al día y divagar dos en el transporte público. Sabía que había algo más dentro de mi que me permitió reconocer lo que de verdad me importaba, saber a quien debía mantener en mi camino y quién debía irse, y aquellos que ya no estaban conmigo aceptar que mi compañia sólo iba a resultar una carga con la cuál yo ya no quería llevar tampoco, porque no hubo nada de raiz, no hubo nada concreto, no tuvieron raíces aquellas amistades que en algún momento inició como una buena relación laboral pero luego se debilitó por diferencias, por distancias obligadas, por falta de empatía, siempre hay razones válidas pero algunas poco convincentes, a veces simplemente queremos estar solos, quizá valorar más las amistades que de verdad conocen incluso facetas tuyas que otros solo huirían, y de que me sirve que huyan, que me eviten y vuelvan cuando todo esté bien, ese es el tipo de amigo que solo le conviene mi compañia en modo feliz y que no genera problemas, pero y las otras facetas, las que resultan incómodas, las que nos permiten crecer indistintamente de la situación, en la que podemos necesitar de alguna oración a la distancia, pero no una frase sarcástica sugiriendo cambiar de tema porque hablar de los problemas resulta triste y desesperanzador, entonces, para qué están los amigos de verdad, justamente para eso, no como otros que solo quieren recochar, pasarla bien y por lo demás no importa de la misma manera precisamente. 

Comentarios

Entradas populares